
Uno lee a menudo absurdas tonterías como la publicada por El País el pasado día 30. Leemos: Al Qaeda camina "hacia su defunción y es imposible que la tendencia se revierta".
Algunos expertos en terrorismo yihadista andan últimamente, junto con la CIA, dando palos de ciego sobre la crisis terminal de Al Qaeda, el aislamiento de Bin Laden, la incapacitación operativa para cometer grandes atentados, etc. En la despedida de George Bush, algunos ven en estos desvaríos una manera discreta de justificar los crímenes de la Administración norteamericana y alejar posibles represalias. Pero es inútil.
Al Qaeda no está en crisis. Todos sus miembros son muertos vivientes en espera del paraíso. Ahora la dirección de Al Qaeda está concentrada en conseguir la bomba nuclear. Mientras observo los desastres de la última ofensiva de la ocupación israelí en Palestina, me doy cuenta de la inutilidad de todo este horror. Al Qaeda acabará de todos modos desapareciendo Tel-Aviv del mapa para siempre bajo un hongo nuclear. Jerusalén quedará a salvo como futura capital palestina. La sanguinaria intervención militar en Gaza solamente cambia el orden en la lista, así que Obama puede que gane algo de tiempo, unos años, para evitar la destrucción de Washington y Nueva York. A finales de 2013, Al Qaeda o alguna de sus franquicias tentaculares estará preparada para usar el arma, como saben quienes deben saber en Estados Unidos, Rusia e Israel.
El estúpido quietismo de los expertos "optimistas" demuestra hasta el espanto la ceguera occidental. Estados Unidos ha destruido para la eternidad Irak y Afganistán regando su suelo con uranio. Las muertes de Gaza son más directas, pero en realidad millones de iraquíes y afganos ya han sido pre-asesinados en una guerra nuclear indirecta, igual que decenas de miles en la antigua Yugoslavia. Incluso es posible que el Pentágono haya experimentado con minibombas de plutonio en el desierto iraquí.
Al Qaeda no se detiene en menudencias. Le basta sostener focos de resistencia, pero esos focos no son su estrategia -aunque puedan afectarnos-, como pretenden concluir asesores como Filiu. Miremos atrás: Chechenia nunca fue otra cosa que un foco de resistencia, como lo es Irak. Aplastar esos focos no significa aplastar a Al Qaeda. Significa solamente que Estados Unidos y sus aliados han hecho una apuesta ruinosa pero, sobre todo, equivocada.
La estrategia de Al Qaeda después de atentar en las Torres Gemelas es llevar más allá el terror. Esperará el tiempo necesario. El objetivo atómico, alcanzar el hito histórico de explosionar la primera bomba nuclear terrorista, es su principal preocupación, el fin estratégico máximo.
Es cierto que ni Estados Unidos ni Rusia ofrecen ahora las pasadas permeabilidades que ocasionaron quebraderos de cabeza como el de las centrifugadoras paquistaníes de los 80, para la primera potencia, o la fuga de cerebros y "material inseguro" de los 90, para la segunda. Pero basta mirar la globalidad para entender qué puede esperar Israel.
En Afganistán, refugio periódico de Bin Laden, la resistencia junto a los talibanes gana terreno. Si Afganistán cae, Pakistán no se salvará esta vez. La bomba, por tanto, es accesible. Y la advertencia de Einstein sobre las consecuencias de la proliferación, memorable. En tierra afgana se decide también el futuro de una nueva gran potencia: India, cuya expansión está lastrada por el litigio prebélico con Pakistán, cada vez más agresivo e inestable como demuestra la alocada incursión en Bombay. El equilibrio atómico entre Rusia y el Índico está en quiebra. Se engaña quien piense que en ese terreno espeluznante no florecerán las flores del mal, por marchitas que ahora puedan parecer.
Mientras tanto, Irán se apresta a convertirse en potencia nuclear. El equilibrio atómico en Oriente Medio tiene los días contados. La entrada de Irán en el club atómico difícilmente se producirá sin un ataque a la desesperada por parte de Israel, quizá en solitario, pero siempre con respaldo de Estados Unidos. La fuerza aérea israelí está probando las bombas antitúnel en la frontera de Palestina con Egipto. En el futuro, serán utilizadas contra los laboratorios nucleares iraníes subterráneos. Pero cabe preguntarse -pregunta muy pertinente- ¿qué pasará después?
Yo creo que después viene una respuesta nuclear contra Israel y Estados Unidos. Si excluimos el orden moral o ético, que a estas alturas ha sido reducido a nada en Gaza, Bagdad o Kabul. Si añadimos la aterradora realidad de la contaminación atómica de la población civil de Irak y Afganistán, dos países destruidos para siempre. Si pensamos que se han traspasado todos los límites que creímos firmemente establecidos en la sociedad de naciones después de 1945 y de cincuenta años de acuerdos extremos para evitar la conflagración y la proliferación nuclear durante la Guerra Fría. Contemplando la inestabilidad irreversible que rodea el equilibrio atómico entre India-Pakistán-Afganistán y entre Israel-Irán-Irak. ¿Qué podemos esperar en lo que resta de siglo?
Al Qaeda va a conseguir la bomba tarde o temprano. Israel se expone a un nuevo genocidio. En el distrito de Tel-Aviv viven cerca de tres millones de personas. A Al Qaeda no le importa Palestina, pero la conducta inhumana y sanguinaria del Knesset en Palestina sirve en bandeja una excusa planetaria para un castigo de envergadura sideral por sus terribles crímenes de Estado, lo mismo que Estados Unidos.
Ese matiz justiciero global de la estrategia yihadista sólo va a expandirse en los próximos años hasta hacerse con un ingenio nuclear, mientras los aliados occidentales pierden el tiempo sofocando los focos de resistencia localizados, pensando que así acaban con esta forma de terrorismo creada, en su día, por ellos mismos.
Son israelíes y norteamericanos, y no Al Qaeda, los que caminan "hacia su defunción y es imposible que la tendencia se revierta", Sr. Filiu.
