Hace unos días recibí una llamada de la delegación Sur de El Día, invitándome a un debate sobre el puerto de Granadilla. No suelo acudir a estos debates y en El Día lo saben bien. No puedo ir o se me olvida. A veces les doy los teléfonos de los portavoces en la isla de Los Verdes de Canarias, otro partido verde. Y esta vez no fue distinto e hice amago de declinar la invitación. Pregunté por los asistentes y mencionaron a Pedro Anatael Meneses, nos acompañaría también alguien del grupo de gobierno de Granadilla y otro de la oposición, de la Autoridad portuaria y de los empresarios. Me pareció un buen panel para la discusión y acepté, pero cuando llegué a la delegación me encontraba solo en la sala de espera. Medina me dijo que había cambios de última hora y que había también invitados que habían disculpado su asistencia. Al final vino Jaime González Cejas y el representante de los empresarios locales, Celestino Hernández.
El debate, publicado a dos páginas -I y II-, se desarrolló con exquisita cordialidad, habida cuenta de las diferencias contrastadas en todos los puntos fuertes de la discusión.
En general, vi en el exalcalde a un hombre roto, atormentado, desesperado por explicarse, por justificarse, obsesionado con el tripartito y desaforado por autoindultarse de las causas judiciales pendientes. Llegó a afirmar que, si el puerto se demoraba más, me reconocía que "sería una infraestructura inútil". Negó que el negocio fuera construirlo, pero luego adujo que se invertirían 4.000 millones en seiscientos y pico metros cuadrados. "¿Esos 4.000 millones no explican mejor que nada por qué quieren construirlo?", le pregunté. Cambió de tema.
También se enredó cuando le dije que no hay antecedentes en toda la franja costera de la UE de un puerto industrial concebido como "macropuerto de cercanías" de otros dos grandes puertos como son La Luz y Santa Cruz, y le recordé el fracaso de Arinaga. Igualmente, no fue capaz de responder después de afirmar él mismo que los sebadales estaban a un kilómetro de las obras, cuando le pregunté "entonces ¿por qué quieren descatalogarlos? ¿por qué unos sebadales que proponían trasladar mata por mata para evitar el impacto de las obras ahora los quieren sacar de la Red Natura?".
Tampoco supo cómo encajar en su cliché la flagrante falta de lógica del Ministerio de Medio Ambiente al hacer un plan de deslindes y recuperación posesoria para prevenir la invasión del mar por efecto del cambio climático y autorizar un puerto en la plataforma marina más aplacerada de la isla, que son las zonas más sensibles a aumentos estacionales del nivel del mar.
Quiso menospreciar la alternativa de regasificación mar adentro, cuando hice ver que “los mismos que aquí denuncian constantemente desequilibrios interprovinciales defienden para Tenerife con su silencio cómplice una tecnología obsoleta de central terrestre, privándonos de la más avanzada y de mayor presupuesto proyectada en Gran Canaria”. Cejas sacó a colación la planta de Endesa en Livorno, pero cuando le recordé que esa instalación era sólo una entre cerca de veinte tipologías distintas de regasificadora mar adentro que harían innecesario el dique portuario, fue patente que desconocía de qué le estaba hablando.
Detalles como estos y otros no fueron recogidos en la edición dominical, criterio que corresponde a los redactores por razón de espacio, pero he de decir que lo publicado sí refleja bien los tiempos y contenidos de nuestras intervenciones, pues González Cejas en verdad habló cuatro veces más que yo.
Sin embargo, después de la publicación me siento en la tesitura de admitir que yo me quedo bobo. Me quedo bobo por cómo unos compañeros de viaje de la oposición al puerto de Granadilla han desviado el contenido del debate hacia quienes participamos y hacia la convocatoria del mismo.
Primero, me reenvían un correo distribuido por Ramón Pérez Almodóvar, donde sólo se para a cuestionar que yo represente al ecologismo. Cuando le pido explicaciones me dice que “a Pedro Anatael lo llamaron para decirle que se suspendía. Seguramente tú eso no lo sabías. Es más, comparto bastante lo que dices, pero considero que te dejaron solo con un doble propósito: estar en minoría y mostrarte como la única sigla verde, para seguir dividiendo”.
Aprecio a Ramón, pero debo decir que en ningún momento me sentí en minoría, mi posición fue contundente, y mucho menos cabe encajar ninguna intencionalidad de dividir, que sólo podría estar en los prejuicios algo calenturientos de quien así lo malinterpreta. Se me invitó porque soy una de las voces públicas de Los Verdes en Tenerife y una de las voces públicas contrarias al puerto de Granadilla. Es tan sencillo como eso. Poca responsabilidad le puede caber a la delegación Sur de El Día en la situación de las distintas siglas verdes, tan menospreciadas como ambicionadas por algunos.
Y además contrasta con una atenta nota que me remite la alcaldesa de Granadilla, donde me explica que no pudo asistir al debate por una causa familiar más que justificada, y que considera que la postura del No al Puerto estuvo bien representada en mi persona.
Al día siguiente me envían una retahíla de Pedro Anatael Meneses, una auténtica llorada del expresidente de la Autoridad portuaria, donde al igual que Almodóvar nada dice del contenido del debate, sino cuestiona a los presentes indirectamente porque él no estuvo, es un desgarrado lamento porque lo “desinvitaron” y no pudo protagonizar la discusión que, ahora que lo pienso, habría sido un partido de tenis de él con Cejas y del PSOE consigo mismo y sus vergüenzas.
Uno se queda asombrado de la polvareda que se arma por un debate de El Día que, la verdad, ignoraba que fuera tan importante ni tuviera tanto valor como para rasgarse así las vestiduras. Es asombrosa la habilidad de algunos para retorcer la realidad a la vez que la escabullen.
Cualquiera sabe que en los debates de El Día los invitados pueden fallar, cosa que puedo acreditar por lo que me toca, y que por esa razón los redactores tienen que hacer encajes de bolillos con las convocatorias. En lugar de esta sencilla explicación, Pedro Anatael lanza un órdago contra El Día que, indirecta pero claramente, al igual que Almodóvar, recela de la legitimidad de quien defendió las posiciones ecologistas en el debate, aunque nada objetan sobre las mismas.
Pero esperen a lo más epatante: el órdago lo canaliza Meneses, en el colmo de la paradoja, en una emisora de radio donde puedo afirmar se me ha censurado y atacado de la manera más burda durante años –eso no es dividir, Ramón, qué va-, un medio donde Pedro Anatael se prodiga un día sí y otro también, en el que nunca, nunca, los oyentes han escuchado mi voz, que nunca ha publicado una posición de mi partido si no es acompañada de insultos o escandalosa tergiversación.
Una emisora consagrada a sacarle las tripas al que no rinda pleitesía a las calenturas mentales de su director, que ofende cada día a la libertad de expresión y al libre contraste de opiniones, donde hay manipulación, intoxicación y tergiversación contra organizaciones y personas de izquierdas y ecologistas -¡en nombre de la unidad!-, cosa que no parece importarles a Almodóvar y Meneses para ir a dar lecciones a El Día por lo mismo. Ya les digo, con todo mi aprecio personal: yo me quedo bobo.
jueves 20 de noviembre de 2008
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