sábado 24 de octubre de 2009

La columna de Pomares.


Cuando a Francisco Pomares se le quemó la biblioteca, lo sentí como si un familiar cercano hubiera resultado herido. Pomares es tan nuestro como suyo, muy suyo y muy nuestro. Yo sabía que hacía mucho que el columnista canario atesoraba libros perdidos sobre nuestra cultura e historia antiguas, siguiendo una inveterada tradición isleña de origen renacentista. Porque Pomares era la respuesta a la silla vacía en el jardín délfico de la tertulia de Cairasco, y aún después en la de Nava Viera le guardó un sitio por respeto, aunque nunca llegó a saber a quién se la reservaba.

Pero a cambio, al columnista no le fue dado saberse canario. El lugar reservado por Cairasco o por Viera sigue vacío porque quien había de ocuparlo no ha dado consigo mismo. Y ahí sigue, buscándose, como cuando atesoraba aquellos libros que se quemaron, indagaba por instinto, en pos de un hallazgo que no afirma nada, sino interroga, mientras lo empuja a amasar más y más cultura. A Pomares lo enganchó el garfio de la interrogación cuando puso un pie en Canarias la primera vez. Y ahí se quedó, interrogado.

A veces leo su columna. Sólo algunas, pocas veces. Admito que lo hago sólo para visitarlo, cortésmente, porque yo ya lo he entendido y lo que sigue sólo son versiones de sí mismo, juegos del lenguaje, prolongaciones y proyecciones del original. Como canario Pomares comparte la alienación, pero él es de los que además puede repartirla. Cuando un dato amenaza su canariedad, reacciona ferozmente contra sí mismo, aunque no sabe por qué. Y nos hiere a todos, porque con toda su inteligencia, no da consigo.

Me da pena Pomares. El incendio de su biblioteca es una metáfora de quién es él y quiénes somos nosotros. Merecemos condena eterna por habernos cansado de sus preguntas y respuestas inteligentes, y por ignorar que el regalo cotidiano de Ediciones Idea se lo debemos también a él, a su liderazgo. No deberíamos acostumbrarnos tanto a lo excelente. Nos hace mezquinos. Pero quien tiene la llama debe arder, aunque el saber convierta su llamada en llamarada. En los tiempos que corren es una exigencia.

Esta semana pasada leímos sus Explicaciones científicas. Con un sarcasmo amargo, Pomares se falta al respeto a sí mismo y al resto de los canarios que, como él, aman esta tierra, pero no saben cómo, ni por qué. La investigación del equipo de genómica histórica de la Universidad de La Laguna es meritoria, aunque inacabada e incompleta. Hay que seguir investigando para saber la verdad. Pero ante el anuncio de sus hipótesis, poco ha tardado en manifestar su disgusto un columnismo que conjuga trono con truena, a coro con el barullo soez y chabacano que exalta constantemente lo peor de nosotros mismos, por unas conclusiones que se acercan al desequilibrio entrópico de lo políticamente incorrecto, que no dejan contento a nadie porque hacen audible la gran carcajada de la historia que humilla todas nuestras vanidades. Las de unos, y las de otros.

Pomares esta vez se suma al camino fácil de la exaltación de la ignorancia. Convierte a nuestras madres en putas y a nosotros en hijos de puta, paridos de las daifas del lupanar del Cabildo de Lugo. Por cómo se avergüenza, ya es un canario completo. Intenta caer simpático halagando los oídos de los corifeos del inefable limbo histórico y cultural que hemos padecido en los últimos cinco siglos, animando con su verbo mordaz, no a estos científicos isleños actuales y precedentes, que rebaja y ridiculiza, sino a los que pulen con la lengua la cadena de las mentiras piadosas, mientras agitan la maza para aplastar la cabeza pensante de quien ose acercarse a las verdades que puedan incordiar la digestión rumiante de tantas cabras y cabrones que a gusto degluten el papel impreso, ajenos a los secretos que contiene.

Pomares, tu silla sigue vacía. Nadie te la reclama, ni te lo reprocha. Pero no imaginas cuánto lamento que todos aquellos textos no hayan servido ni aún con todo el dolor del incendio para que ocuparas tu sitio y estuvieras a tu altura.

Sigue, entonces, arrastrándote por la hoz de tu interrogación. Así empujes y yugules.


CODA

[...] en el ADN actual de los canarios hay restos de herencia bereber en los linajes maternos y no en el de los varones, que es masivamente europeo [...]

Te espero en la bajadita.