lunes 28 de julio de 2008

Orientación política extraparlamentaria /08

La situación política de la izquierda extraparlamentaria en Canarias en general, y en Tenerife en particular, atraviesa el ecuador de 2008 en una situación de aparente desorientación, que suma interrogantes a una endémica carencia de respuestas reflexivas en el plano teórico y político. Parece preciso fijar algunos anclajes que permitan interpretar qué está pasando y desbrozar la dirección política, retirando los signos superfluos de la situación y destacando algunas guías para entender y actuar.

La sensación de desorientación procede de una reducción significativa de la presencia pública de las tácticas de los partidos, tanto en pronunciamientos como en generación de documentos publicados. Pero ello no debe interpretarse como pasividad de las organizaciones políticas. Éstas se encuentran, por el contrario, en una actividad particularmente laboriosa, cual es la estructuración interna, la búsqueda de militantes y la creación de nuevos comités locales. La concentración en esta tarea de relaciones públicas se hace a costa de la presencia política publicitaria, que se está limitando a mantener los espacios mínimos de expresión e imagen en los medios (pocos comunicados, pocos contenidos relevantes, poca intensidad mediática y, por qué no, un merecido descanso).

Tras los procesos electorales de 2007 y 2008, para los partidos extraparlamentarios esta legislatura está marcada por la consigna de estructuración orgánica para hacer realidad la presencia física y la representatividad en los municipios, basándose exclusivamente en las propias fuerzas. Ello se debe no sólo a un criterio político, sino a dos factores importantes de reflujo:

- Los procesos electorales han desembocado en una resaca tras los malos resultados electorales, que son redundantes y consecutivos con lo ocurrido en 1999 y 2003. Cunde la sensación de que ningún partido de la izquierda extraparlamentaria va a lograr nada sustancial en 2011, excepto mantener su propia supervivencia en medio de una creciente reducción de sus expectativas, conforme pasan los meses. De ahí que la salida política sea rebajar las especulaciones sobre los votos y concentrar la atención en la implantación territorial, pues de otro modo la escasa militancia sufrirá la pérdida de expectativas. Las esperanzas están en la organización de la militancia, en ofrecer espacios para permanecer organizados, no en la ilusión de unos resultados electorales lejanos todavía en el tiempo (2011) que serán, con toda probabilidad, realmente depresivos y que tienden a concentrar la vida interna en torno a los cabezas de lista o líderes del partido en organizaciones ya por sí atomizadas.

- El recurso instrumental a las movilizaciones está en franco reflujo, en una dinámica de evolución natural del realismo político frente al ilusionismo artificial. En Tenerife puede decirse que el movimiento ciudadano ha cumplido un ciclo y se agota irreversiblemente. Por una parte, ha cumplido la función de ser arena de buena lid para la selección y promoción de nuevos actores políticos, cuyo traslado a la actividad partidista ha generado un vacío irrecuperable en el movimiento. Por otra parte, el propio movimiento ha reducido su identidad y radio de acción a la oposición a determinados proyectos públicos de infraestructuras o privados de urbanización, ejerciendo una oposición que no es antagónica desde un punto de vista social, político ni ideológico, que ha supuesto además un marco estrecho para las expectativas de las y los militantes más capaces, invitándolos a mimetizar y trasladar su actividad a los partidos extraparlamentarios.

En Tenerife, tras el fracaso de la confluencia en 2004-2005, liderada por Los Verdes, la pésima utilización de supuestas políticas de alianzas en 2006-2007 como palanca de la creación de partidos oportunistas como Sí Se Puede y Unión Ciudadana ha concluido en una general decepción interna e irritación de las relaciones externas entre partidos y militantes de las distintas organizaciones que se mueven en el ámbito de la izquierda extraparlamentaria. Ello ha sido así porque en realidad no ha existido una táctica de confluencia real, sino una auténtica rebatiña por despojarse unos a otros de legitimidad, identidad y militancia mediante planteamientos agresivos camuflados tras un discurso de “unidad”. En 2006-2007 no hubo en ningún momento una auténtica táctica de confluencia, sino la plasmación de pretensiones muy concretas y localizadas de auparse, lisa y llanamente, sobre las cenizas de la experiencia original de 2004, usurpando a los partidos debilitados por su fracaso, y sobre las expectativas que el movimiento ciudadano alentaba pero no podía satisfacer en su estrecho marco. La resistencia de los primeros a quedar subsumidos en esas operaciones de coalición y el reflujo del movimiento por sus limitaciones políticas, su pérdida de dinamismo social y, concretamente, por la opción partidista de bastantes de sus organizadores, han generado que a la mal llamada confluencia haya seguido, en la actualidad, un auténtico acuartelamiento de cada partido, bien por oposición o por desilusión con la inviable e inconveniente unidad. Ello conduce, lógicamente, a centrar la preocupación en la actividad de estructuración interna y expansión territorial en clara, y discreta, competencia con los otros partidos en cada municipio, en lugar de priorizar el intento de absorción o alianza forzada, que se ha revelado inviable.

Fracasada la táctica de confluencia consensuada (2004-2005), frustrada la táctica de confluencia forzada (2006-2007) y agotado el movimiento ciudadano (2002-2007), la izquierda extraparlamentaria necesita en este momento nuevos puntos de referencia políticos, pues conforme avance en la lenta y difícil implantación territorial que concentra hoy sus esfuerzos, será más difícil mantener cohesionada la organización si se carece de un marco compartido de interpretación de los objetivos políticos. Esta necesidad es acuciante en todos los partidos extraparlamentarios. La orientación política que podemos proponer en este momento para compartir en todas las organizaciones de la izquierda extraparlamentaria con el fin de dar sentido al esfuerzo organizativo que se está realizando, comprende las siguientes ideas-fuerza:

- ¿Extraparlamentarios de por vida? Es necesario replantear la participación política, electoral e institucional en el régimen de 1978. A 30 años vista, está claro que la democracia de 1978 es completamente insatisfactoria en términos de pluralismo político. De hecho, en tres décadas la tendencia marcada por la aplicación del sistema constitucional de representación política ha sido la progresiva merma de opciones y consiguiente concentración de la representación electoral y democrática en las grandes maquinarias de partidos convencionales (en las islas, PP, PSOE y CC), estructuralmente ligados al capital financiero, las grandes empresas y los principales medios de comunicación. Ha llegado la hora de que la izquierda extraparlamentaria se convenza de que, en el régimen de 1978, jamás verá satisfechas sus expectativas de gobierno ni realizados sus objetivos de transformación social. La tensión entre un discurso que formalmente emplea esta conclusión en la crítica antisistema, pero prácticamente se organiza y actúa políticamente como si se encontrara en un sistema horizontal de igualdad de oportunidades para todos los partidos, no sólo es insostenible: debe ser resuelta admitiendo que en el sistema político de 1978 no hay sitio para nosotros.

- Ruptura generacional. Ligado a esto, la izquierda extraparlamentaria canaria debe reflexionar sobre la exclusión de dos generaciones de canarios y canarias del sistema político de representación en las últimas tres décadas, pues nuestra militancia está constituida por el segmento más insatisfecho de estos excluidos: hemos sido excluidos por nuestras ideas políticas, pero aún antes de esa elección ya habíamos sido excluidos como generación, de manera que, en realidad, cabe llegar a la conclusión de que hiciéramos lo que hiciéramos, el sistema político no nos habría integrado. No constituye un hecho histórico puntual, sino un episodio dentro de una trayectoria de sucesivas exclusiones alternadas con períodos cortos de apertura, como la I y II Repúblicas. Hoy, estas dos generaciones insatisfechas portan, como otras hicieron antaño, nuevos valores que chocan frontalmente con los valores de las elites dirigentes, pero la izquierda extraparlamentaria, cuyo grueso de militancia procede de estas cohortes excluidas, no ha sabido interpretar ni representar esos valores en un sentido rupturista radical con el régimen político. Los valores en conflicto existen, pero no están expresados políticamente. En su lugar, la izquierda extraparlamentaria se ha acomodado en una serie de estereotipos y lugares comunes ideológicos que, en lugar de acercarla, la alejan de la radicalidad contenida en la frustración política de esas generaciones. El movimiento ciudadano en Tenerife se ha agotado por esta misma razón: fue incapaz de conducir sus objetivos limitados hacia fines más amplios y radicales que respondieran a los nuevos valores de las generaciones y clases sociales excluidas. Se agotó en su papel de oposición a obras e infraestructuras porque no fue capaz de convertir eso en oposición al régimen político, que era, en realidad, su verdadera naturaleza y el origen de la insatisfacción que se expresaba en las manifestaciones multitudinarias. Una vez que esas multitudes comprobaron que las manifestaciones no conducían más allá y servían de cauce de aspiraciones electorales comunes y corrientes, optaron por quedarse en casa.

- Necesitamos una política que sea antagonista de verdad. No se trata de afilar las palabras para que parezcan más radicales sus contenidos, sino de levantar una auténtica conjura generacional contra el régimen excluyente de 1978 en Canarias. Significa seleccionar nuestros objetivos políticos según su potencial de antagonismo, forzando conflictos que no tengan solución en el sistema de representación política actual, en lugar de apuntar a cualquier cosa que se mueva, simplemente porque se mueve. La experiencia de los partidos extraparlamentarios durante toda la etapa autonómica y del movimiento ciudadano desde 2002 demuestra que el sistema político ha interiorizado su exclusión como un rasgo de normalidad política, electoral e institucional. Por ello, sólo es posible provocar una crisis de esta situación rompiendo políticamente con esa normalidad, en lugar de intentar constantemente la transacción en el tramo final de cualquier conflictividad. Si la izquierda extraparlamentaria se deshace de toda esperanza y admite que este régimen político nunca nos va a admitir en el selecto club de la representación y el pluralismo, a no ser que abandonemos nuestros objetivos para incorporarnos a alguno de los partidos convencionales, entonces quedará libre el espacio para señalar los objetivos políticos de un antagonismo que verdaderamente represente la insatisfacción generacional, para conducir la acción política más allá de los caminos trillados y de los objetivos limitados y limitantes.

- Memoria y estructura de poder. En esa tarea Canarias necesita rescatar la memoria histórica, pero no en un sentido genérico, sino con el fin concreto de sacar de la oscuridad las relaciones y origen de la actual estructura de poder, de sus actores y protagonistas, que no vienen de 1978, sino de 1936. Solamente la conciencia de una continuidad histórica intergeneracional puede alimentar el antagonismo que requiere el objetivo de conducir el sistema político canario actual a su crisis terminal y transformación radical. Romper el aislamiento de silencio e ignorancia de esas dos generaciones de los últimos 30 años y unirlas a las generaciones anteriores que fueron capaces, en su contexto, de levantar una política antagonista, se encuentra entre las prioridades de nuestro esfuerzo intelectual del momento, al servicio de los objetivos políticos descritos. En esa tarea se interpone la actitud de las clases medias ilustradas moldeadas a conveniencia del régimen de los últimos 30 años, que han encauzado su insatisfacción generacional ocasionalmente a través de la izquierda parlamentaria (ICAN) y extraparlamentaria, copando su dirección política, pero que, por sus lazos de dependencia vital y material del sistema público instaurado en 1978, acaban conduciendo a aquellas posiciones conservadoras que, a pesar de la radicalidad y habilidad verbal, sean compatibles con su estatus y, por tanto, con el sistema intitucional que lo garantiza. Los dirigentes o líderes medioclasistas de los partidos de la izquierda extraparlamentaria en las islas no pueden cambiar esa dependencia ni girar por sí mismos hacia políticas que sean antagonistas con sus fuentes institucionalizadas de ingresos y calidad de vida. Convertir a estos medioclasistas, de ser simples aspirantes camuflados para participar en las elites, a conjurarse para levantar una contraélite insobornable, puede ser una tarea insufrible, como ha sido durante las últimas décadas, pero su necesidad no puede ser puesta en duda, porque la izquierda necesita su ilustración para irradiar e incorporar a las y los trabajadores a la política antagonista, y esa necesidad no queda refutada por la nefasta dirección política que esta clase media ha ejercido constantemente conduciendo todo movimiento hacia objetivos no-antagónicos con su posición social, si no directamente insolidarios, en su condición de rehen del régimen actual.

En conclusión, la desorientación política que preocupa en algunos grupos de la izquierda extraparlamentaria es sólo aparente. Por una parte, la implantación territorial de los partidos silencia su presencia política pública, que ha pasado a un segundo lugar entre las prioridades y acusa factores de reflujo y resaca importantes. Por otra parte, esa presencia política pública tiene por delante la tarea inaplazable de una profunda reflexión sobre el papel político y generacional de la izquierda extraparlamentaria en un contexto histórico donde se han agotado definitivamente los objetivos y movimientos no-antagónicos y se ha confirmado la exclusión con carácter crónico de las organizaciones e ideas de izquierdas en la representación y pluralismo del régimen de 1978 en Canarias.