lunes 23 de junio de 2008

Fuelling Sí se puede.

Leyendo el New York Times me encuentro con la primera andanada de cierto efecto que recibe el Yes we can de Barack Obama. Se hacía esperar hace tiempo un ataque argumentado con algo más que nimiedades sobre los antecedentes del candidato con más posibilidades de llegar al despacho oval. Cuando uno visita la web de campaña de Obama, se encuentra un resumen de posturas políticas, que repasa la trayectoria del senador por Illinois a través de sus iniciativas más destacadas, presentadas bajo el epígrafe de objetivos de gobierno para la próxima legislatura. Entre estas propuestas leemos: Satisfacer las Necesidades de Energía en los Estados Unidos.

El senador Obama ha sido un líder en el senado, presionando por un plan nacional de energía y ha presentado un número de proyectos de ley para acercarnos a la meta de la autosuficiencia energética. Obama ha dejado de lado las batallas partidarias y ha encontrado un común denominador en el programa CAFE, los combustibles renovables, y el uso limpio del carbón.

¿Combustibles renovables? Sí, ha leido usted bien. En su edición de hoy, el New York Times titula "La campaña de Obama, estrechamente ligada al etanol". Larry Rohter nos ilustra acerca de las concomitancias cómplices y opacas del senador con el lobby de la industria de los agrocombustibles en Estados Unidos, pues no en vano Illinois es el segundo productor de millo del país. Rohter señala con claridad cómo la industria del etanol irriga de "asesoramiento" a Barack Obama, citando destacadamente a Tom Daschle entre sus advisors.

Daschle propuso a principios de mayo pasado introducir incentivos económicos al uso del etanol en el Corporate Average Fuel Economy (CAFE), o Ahorro Promedio de Combustible, que desde los años 70 impone a la industria automovilística unos patrones de tamaño, diseño y consumo medio en detrimento de la importación de vehículos fabricados fuera de Estados Unidos. El CAFE es a la vez una medida de protección del empleo de los trabajadores norteamericanos y de la industria estadounidense frente al creciente dumping social de precios y competitividad provocados por la deslocalización que caracteriza al capitalismo globalizado.

Daschle justificaba con gran aparato verbal el respaldo estatal al etanol: Nuestra adicción al petróleo se encuentra entre los mayores peligros para la estabilidad y prosperidad de nuestro país: inyectamos miles de millones de dólares en los regímenes fundamentalistas "petrolistas" de Oriente Medio y enviamos a la atmósfera el carbono de los productos petrolíferos, perpetuando el calentamiento global y agravando los desastres naturales desde el Golfo de México al Océano Índico.

Es curioso. El artículo del Times menciona este mismo discurso en boca de Obama, hablando ante dirigentes de la National Corn Growers Association y la Renewable Fuels Association durante la inauguración de una planta procesadora de la compañía VeraSun Energy en el verano de 2007:

En el corazón de la Franja Cerealera aquel día de agosto, el Sr. Obama argumentó que abrazar el etanol "en última instancia ayuda a nuestra seguridad nacional, porque ahora mismo estamos enviando miles de millones de dólares a algunas de las naciones más hostiles de la Tierra". La dependencia del petróleo que tiene América, añadió, "hace más difícil para nosotros conducir una política exterior que sea inteligente y cree seguridad a largo plazo".

Pero el discurso es todavía muy anterior, viene desde el principio de las Primarias. El 10 de diciembre de 2006, en Nueva Hampshire, literalmente parafraseó lo mismo que Daschle cinco meses después:

¿La gente entiende por qué íbamos a querer mantener nuestra economía secuestrada por el mercado de valores del petróleo? ¿Por qué ibamos a querer enviar 800 millones de dólares al día a algunas de las naciones más hostiles de la Tierra? ¿Por qué íbamos a querer financiar la guerra contra el terrorismo desde ambos lados? ¿Por qué íbamos a querer hacer eso? Y ellos dicen que aunque disfrutemos de un tiempo soleado a 40 grados en diciembre en Nueva Hampshire, y entendemos que hay un par de resistentes en la Casa Blanca, ustedes saben, eso del cambio climático no nos suena bien. Otros 10.000 científicos parecen estar de acuerdo en esto. Tal vez deberíamos hacer algo sobre ello. Y así. Absolutamente. Y así, ¿por qué no embridamos la energía del sol y del viento y por qué no tendríamos los granjeros americanos, los mejores del mundo, por qué no dejamos crecer el millo que podemos convertir en energía que ponemos en el coche que construyen otros americanos, creando empleo e industria y haciendo nuestro futuro más seguro? No hay ninguna razón por la que no podamos hacer esas cosas. Podemos hacerlo.

Uno se imagina los consejos de administración de las procesadoras de etanol coreando al unísono: Yes, we can. Sí, se puede. Tom Dashle lo tiene claro en su artículo de mayo: Nuestro liderazgo debe promover un cambio en la base del mercado desde los combustibles basados en el petróleo hacia combustibles renovables producidos en América con tecnología americana.

Lo cierto es que Obama aquí no aparece como un candidato progresista, a la vista de las reiteradas advertencias elevadas en todos los rincones de la comunidad internacional acerca del implacable efecto multiplicador que los subsidios a los agrocombustibles causan en el precio de los granos básicos, provocando una hambruna masiva en decenas de países. Esto a Obama no le parece un problema para la seguridad de Estados Unidos. Pero lo es: el hambre nutre a Al Qaeda tanto como la guerra, porque de hecho millones de hambrientos se están declarando en guerra por la supervivencia.

Barack Obama defiende los subsidios al etanol y se opone a favorecer la importación de azúcar de caña de Brasil, a pesar de que multiplica por ocho la síntesis energética por unidad de peso y volumen. Curiosamente, como destaca el Times, el candidato republicano McCain se opone a esa política de incentivos: Hemos cometido varios errores al no adoptar una política energética sostenible, uno de los cuales son los subsidios para el etanol de cereal, que ya advertí en Iowa que va a reventar el mercado. Lógicamente, lo dice en línea con Dick Cheney y algunos otros buitres petroleros.

Obama no sólo defiende el etanol como combustible, sino que como indica en su programa, "ha encontrado un común denominador en el programa CAFE", combinando subsidios a los cultivadores con las fábricas de automóviles y la industria procesadora del etanol norteamericanas, todo en casa. Por eso desdeña el azúcar de caña brasileña, ya que no generaría la sinergia de empleo e industrial que espera inducir en Estados Unidos desde la presidencia.

Pero al margen de cualquier consideración crítica, nuestra reflexión debe ir más allá: la vinculación estrecha de Barack Obama a las perspectivas de la agroindustria de combustibles en Estados Unidos implica que el día de las elecciones de noviembre y el previsible resultado de su victoria deban ser considerados, desde ahora, tremendos factores de desestabilización del mercado mundial de cereales. Significa que el triunfo de Obama, traducido en un repunte alcista de la especulación de precios sobre los granos básicos, respondiendo desaforadamente en el mercado de futuros a un incremento de la demanda de materia prima de las compañías productoras de etanol que sus políticas están llamadas a favorecer según todos los indicios, podría matar de hambre a cientos de miles de personas, sobre todo en África, continente donde, ironías de la historia, viven los antepasados del virtual presidente norteamericano.

Coda

Aquí en Tenerife, nuestro Sí se puede local se halla en un parecido dilema. El principal dirigente de ese partido, Fernando Sabaté, es hijo de uno de los magnates históricos de la energía en la isla, alto ejecutivo de la empresa DISA durante décadas, José Sabaté Forns. DISA promueve hoy con apoyo del Gobierno de Canarias y del Cabildo la construcción de una planta industrial de procesamiento de biodiésel en el polígono industrial de Granadilla, que será abastecida a través del puerto industrial proyectado en la costa de ese municipio con materia prima procedente de las plantaciones de palma aceitera de otras islas y de Senegal.

Cuando se hizo este anuncio a finales de septiembre de 2006, nos opusimos al proyecto, pero salieron los francotiradores y los indocumentados para llevar la contraria. Ahora no se atreven a pronunciarse de manera tan frívola, porque los agrocombustibles no tienen buena prensa. No queda bien ser ecologista y apoyar el biodiésel. Sin embargo, como la sociedad isleña es tan pequeña, por aquello de dios los cría y ellos se juntan, Sí se puede y el Partido Verde Canario han mantenido contactos para compartir sus afinidades políticas, aunque no ha trascendido si, habida cuenta de los antecedentes, el biodiésel podría encontrarse entre ellas.

Sabaté y Palacios firmaban un artículo en la campaña electoral de mayo de 2007, donde relacionaban los combustibles fósiles con la central eléctrica de Granadilla y el proyecto del puerto para la introducción del gas natural, oponiéndose a ambos: Tengan los lectores la seguridad -prometían- de que la alternativa política y social que representamos no va a permitir el destrozo del litoral de Granadilla ni que se siga con las decisiones políticas erradas que contribuyen a la muerte lenta, pero inexorable, de nuestro querido Planeta Tierra, el único que tenemos.

Nada decían sobre la proyectada procesadora de biodiésel, aunque posteriormente Palacios aclaró que su postura es de una llamativa ambigüedad: En una posición intermedia se encuentra el profesor del Departamento de Ecología de la Universidad de La Laguna (ULL), José María Fernández-Palacios, quien asegura que "en principio, la idea de usar biodiésel no es mala pero, quizá, en un momento de crisis alimenticia mundial, debería replantearse" .