Aunque compone las estructuras rígidas y flexibles de la pared celular en toda la biomasa vegetal terrestre, también existen organismos capaces de producir fibras de celulosa por biosíntesis, creando exopolisacáridos que constituyen una matriz polimérica extracelular autoinducida, que pueden formar estructuras denominadas biopelículas sobre las que se arraciman bacterias de manera gregaria, aumentando su virulencia.
Solamente determinadas bacterias digestivas en rumiantes e insectos, como las vacas o las termitas, contienen la enzima capaz de romper de nuevo las cadenas de celulosa vegetal para extraer la glucosa para su uso como fuente de energía por el metabolismo… y por la industria de biocombustibles.
Las microfibras de celulosa han sido profusamente investigadas en las bacterias Acetobacter xylinum, Agrobacterium tumefaciens y Rhizobium leguminosarum, en algunas especies de cianobacterias, y en la bacteria gram-positiva Sarcina ventriculi.
Ya sea extrayendo genes enzimáticos y trasladándolos a vegetales para modificarlos genéticamente de manera que se conviertan en reductores de las fibras vegetales en azúcares simples, o creando asociaciones simbióticas de bacterias que degraden celulosa y bacterias electroactivas que se alimentan de esa fermentación, o creando una nueva
cianobacteria, el alga verdeazul, aquí a la izquierda, capaz de emplear la luz solar para secretar celulosa, glucosa y sucrosa, la biotecnología de la celulosa microbiana está llamada a convertirse en una portentosa y abrumadora industria, impulsada por la presión de los productores de etanol y biodiésel, que demandan con urgencia biomasa celulósica que no tenga inconvenientes éticos, ambientales ni geopolíticos, es decir, que no compita con los alimentos vegetales, ni requiera la ocupación de suelo fértil o la tala de bosques tropicales.Los avances presentados en el último año son espectaculares y pueden revolucionar el futuro inmediato de los polémicos e insolidarios agrocombustibles. Pero algo ha fallado. Tenemos un problema.
Durante la última década de ensayos de laboratorio, en algún lugar de Estados Unidos alguna cepa mutante ha sido liberada en el exterior y ha continuado evolucionando rompiendo las barreras biológicas entre el reino de las plantas y el reino animal, y entre especies. Una de las bacterias productoras de celulosa ha sido empleada de manera convencional en ingeniería genética porque posee una extraordinaria cualidad. Se trata de la Agrobacterium tumefaciens, que como su propio nombre indica produce procesos tumorales microfibrosos en bastantes clases de plantas.
La capacidad de contagio de esta bacteria llamó la atención de los biotecnólogos, porque tiene la habilidad de infectar células vegetales con su propio ADN, integrándolo dentro de un cromosoma de la planta a través de un plásmido inductor de un tumor, el cual toma el control de la maquinaria celular de la planta y lo usa para multiplicar el ADN de la bacteria invasora. La importancia de este plásmido es que contiene regiones en el ADN de transferencia donde el investigador puede insertar un gen que así puede ser transferido a la planta manteniendo una alta estabilidad. La agrobacteria se convirtió, gracias a esta propiedad, en un método para transferir fragmentos de ADN y modificar vegetales sin grandes complicaciones en el laboratorio.
Morgellons apareció primero en Florida, Tejas y California. El primer caso fue descrito en 2002. No está considerada una patología mortal pero sí puede impedir hacer una vida normal y puede ser causa de depresión y baja laboral. Actualmente la sintomatología ya se considera presente en Canadá, Europa, Japón, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Australia. Se ignora la cantidad de infectados, pero pueden sumar varias decenas de miles, porque la sintomatología y diagnosis está sujeta a una gran controversia. En pocos años podría convertirse en una pandemia.
La enfermedad de Morgellons se caracteriza porque los pacientes tienen sensación de picor en la piel, como si insectos se arrastraran por dentro y fuera, aparecen lesiones en distintas partes del cuerpo con leve abultamiento y sangrado de donde brotan minúsculas fibras o filamentos que crecen fuera de la epidermis. Además, los síntomas incluyen fatiga generalizada, dolor de cabeza, pérdida de atención y alteraciones en el sueño, y otras reacciones psicofísicas propias del estrés o la depresión.
La dimensión psicológica de Morgellons es tal que ha conducido a que algunos especialistas duden de la existencia de la propia enfermedad, explicando los síntomas como un trastorno alucinatorio del tipo de la parasitosis delirante, el Delirio Dermatozoico o síndrome de Eckbom, que producen sensaciones parecidas a las descritas por los pacientes.
Sin embargo, la atención puesta a las microfibras de celulosa tan llamativas en las erupciones cutáneas de Morgellons condujeron a varios investigadores de la Universidad de Nueva York a correlacionar la enfermedad con un patógeno capaz de producirlas, la agrobacteria. El análisis de la biopsia de la piel de varios pacientes dio positivo a la presencia en los tejidos de genes de la agrobacteria tanto en cromosomas como en el plásmido característico de Agrobacterium tumefaciens. Sería la primera vez que una bacteria vegetal infecta a un ser humano.
Por ello, ha saltado la alarma acerca de la posibilidad de que se trate en realidad de una modificación genética bacteriana creada en laboratorio y fuera de control, un organismo nuevo o asociado con otro, e incluso se ha atribuido a un hongo, alga o parásito desconocido.
Hace un mes, en la primera conferencia sobre la enfermedad celebrada en Austin (Tejas), se apuntó especulativamente que el vector de infección podría ser la picadura de una garrapata, relacionado también con la enfermedad de Lyme que afecta a un gran número de personas que padecen Morgellons. Una nueva clase de ehrlichiosis o anaplasmosis relacionada con la tenencia de animales y con actividades y labores en el campo o en jardinería.
Mientras médicos y respetables instituciones tratan a los enfermos de Morgellons como si estuvieran locos -en California se está realizando un amplio estudio epidemiológico desde la premisa psiquiátrica-, los laboratorios que investigan la producción en masa de celulosa a partir del cultivo y modificación genética de bacterias para abastecer el futuro mercado de biocombustibles anuncian nuevos avances para la industria gracias a la bioteconología.
Morgellons: recuerde esa palabra. Es el lado oscuro de la actual crisis alimentaria y energética.
