En la explicación de una estrategia política prevista se sobrepone a menudo la secuencia lógica a la propia intención declarada de quienes se verán abocados a seguirla. Por esa razón resulta tan difícil interpretar cualquier acontecimiento histórico, donde el hecho político es la síntesis de la voluntad y de la lógica trenzadas en un baile de disfraces de evoluciones contingentes y mutuamente condicionadas, donde es posible atribuir o atribuirse tanto la deducción como la inducción, sin que sea fácil separar los reflejos condicionados de una actuación planificada.
Aquello que el político finalmente hace casi nunca se programó así, pero casi siempre será presentado públicamente como el corolario de una acción programada. Sea en los grandes acontecimientos históricos o en los cotidianos avatares de la politiquería local, la simbiosis entre lógica y voluntad, entre circunstancias y personalidad, es un trasunto inextricable de toda aspiración al ejercicio del poder.
En Canarias, un pacto de gobierno entre CC y PSOE está a la vista de la secuencia lógica, pero aún debe madurar en la voluntad de sus actores.
No tiene sentido ante la mayor crisis económica de la historia autonómica sostener una alianza gubernamental con el principal partido de oposición al Ejecutivo central. Esa situación es insostenible porque la actual crisis no puede ser abordada desde el ámbito autonómico sin un apoyo y colaboración estrechos desde el ámbito estatal. El pacto con el Partido Popular en las islas es una rémora, un obstáculo, un incordio que irrita la necesaria cooperación Canarias-Estado sin aportar prácticamente nada para aliviar la complicadísima situación que se presenta.
Sostener el pacto con el PP prescindiendo del apoyo del Ejecutivo central conducirá, conforme se agrave la recesión, a un tremendo desgaste conjunto de todo el gobierno de CC. Pero la intensidad de la crisis económica no va a permitir salvar la gestión autonómica simplemente con una remodelación del gobierno a mitad de legislatura. Si Rivero actuara así, CC llegaría muerta y vendida a 2011. La gravedad de la recesión llama a un pacto de gobierno con el PSC-PSOE que garantice la interlocución por afinidad con el gabinete de Zapatero para una normalización de las relaciones con el Estado y una inyección de medidas y fondos que salve la gestión de Paulino Rivero.
El PSOE canario es ya consciente de esta tesitura. El obstáculo para que la lógica determinante desenvuelva las voluntades imprescindibles está también diagnosticado: el histrionismo de Juan Fernando López Aguilar fue un exceso para ganar las elecciones y ahora es un defecto para pactar el gobierno, pero la decisión del exministro de abandonar Canarias ofrece la oportunidad para considersarlo un outsider y dejarlo fuera de juego. El futuro inmediato de Aguilar no es una incógnita: asumida su retirada de las islas, si no lo rescatan en Ferraz se convertirá en un brillante náufrago en medio de la corriente Atlántica, el mirlo blanco que todos podrán ver agitando las alas en las crestas de espuma pero nadie querrá rescatar como si no lo divisaran por el catalejo en medio del temporal.
Jerónimo Saavedra ha visto la jugada. El viejo presidente del PSC-PSOE ya está actuando racionalmente para encauzar la voluntad de su partido hacia esta lógica política. Se mueve para apartar a Aguilar, porque sabe que el pacto CC-PP nunca reformará el sistema electoral isleño y aunque con el actual al PSOE no le ha ido mal jamás alcanzará 31 diputados, en tanto que Nueva Canarias no es capaz de igualar en la matemática parlamentaria una suma como la del Pacto de Progreso que salió de las elecciones de 1987, mas al contrario sí podría restaurar la adición que hizo viable la Coalición Canaria después de los comicios de 1991. El PSC-PSOE no puede alcanzar el poder por sí mismo, basándose en sus propias fuerzas, y cuenta con un aliado que no sólo es insuficiente, sino además inseguro.
Pero además, el PSOE cuenta con los palanquines sindicales y los revoltosos "alternativos" para que actúen como grupos de presión en el sector público del archipiélago. La particular rebelión de las aulas y las batas blancas, que va camino de provocar los mayores atentados a la Educación y la Sanidad públicas desde que el Estado transfirió las competencias, muestran a las claras la desesperación del arribismo mayoritario en el PSC-PSOE.
La escandalosa erosión del sistema público encabezada por Juan Carlos Alemán en el Parlamento en el asunto de la cirugía cardiaca del Hospital Universitario, los excesos de la homologación salarial de los advenedizos del profesorado que creen estar haciendo una revolución a cuenta de que les suban el sueldo, el mantenimiento artificial de la conflictividad laboral sanitaria, componen un abigarrado collage que, desde la adecuada distancia, dibuja los perfiles de un pacto CC-PSOE como solución final.
Descartado que el PSOE pueda gobernar ganando las elecciones de 2011, ya que no pudo hacerlo con los resultados de 2007 y éstos no mejorarán ni permitirán sumar 31 diputados, ni podrá alcanzarlos con la alianza con Nueva Canarias.
Constatado que CC no podrá aguantar la recesión económica sosteniendo un pacto con el Partido Popular que impide la interlocución, la coordinación y la cooperación con las políticas contrarrestantes que sólo puede poner en marcha el Estado.
Confirmado que el desgaste político de las algaradas en el sector público permean en la opinión pública para que CC no pueda limitarse a remodelar su gobierno como espita de escape de la presión y tenga que cambiar de cardero con un nuevo pacto prescindiendo del PP. Evidente que las rentas de erosionar los sistemas públicos esenciales dan para que el PSOE pueda ganar en 2011, pero no para que llegue a gobernar por sí mismo.
Con todo junto, el resultado no está predeterminado y depende del azar, pero dadas las condicines deviene necesario. El toque de gracia lo está dando Jerónimo Saavedra al despejar el factor que impide desentrañar la ecuación del futuro pacto, acorralando a López Aguilar en el corral de sus propios errores e improperios. Más vale poco y bueno, pájaro en mano, y hacer a Blas Trujillo vicepresidente antes de las elecciones -parece calcular el viejo visón versallesco.
Es una ironía o un sarcasmo ver a los huelguistas de campanario empujando el desgaste social y político del pacto CC-PP y descuidando qué se propone hacer el PSOE con las posibilidades que da la revoltura. Me pregunto cómo se les quedará la cara cuando tanto esfuerzo de rebeldía digna de mejor causa acabe poniendo en las mesas de negociación a consejeros de Sanidad y Educación del PSOE que les dirán más o menos lo mismo que decían los de CC y PP, aunque con dosis añadidas de ambigüedad e hipocresía.
Pero los follones que divierten a los medioclasistas aburridos de sus circunstancias no deben desviar nuestra atención de lo fundamental: la recesión hará sufrir mucho a mucha gente, el Gobierno autónomo no va a poder afrontarlo, la responsabilidad de los principales actores políticos pone en cuestión las afinidades y preferencias y los obliga a mover la voluntad en pos de la lógica. No es lógico que el Partido Popular continúe en el Gobierno. La voluntad expresada en los pactos CC-PSOE en Fuerteventura, tradicional laboratorio de componedas exportables; los ágapes de Saavedra con destacados empresarios y sus contactos con Paulino Rivero y acercamientos a CC; la actitud de espera del grupo de Florentino Guzmán en Santa Cruz por si fuera viable pactar con Zerolo en el marco de un acuerdo autonómico en lugar de recurrir al transfuguismo; las salidas de tono de Santiago Pérez o José Manuel Corrales, cuyas quejas destempladas son clara expresión de la minoría que ya presiente el final del outsider y de cualquier esperanza de renovación en el PSC-PSOE.
Son todas notas al margen de la misma carta náutica.
