Santiago Pérez hace pinitos intentando ser tan histriónico como López Aguilar y hasta coquetea con la rebeldía: “En Tenerife, tras 20 años de régimen de ATI, hablar de democracia es casi revolucionario”. “Soy un disidente y no he podido soportar el régimen de ATI, desde su advenimiento, sin oponerme constantemente a su permanencia”. “Si antisistema es anti-régimen de ATI, estoy de acuerdo”. “La alternativa es perpetuar el régimen político de ATI o abrir una nueva etapa”.
Como si nunca hubieran gobernado en los ayuntamientos de Tenerife, un PSOE de arribistas hambrientos de poder pretende ser la vedette de la transparencia y silenciar toda crítica retrospectiva, para que la amnesia sobre su propia gestión municipal de los últimos 20 años sea un feliz “puente a la jubilación” amenizado por las gracias de Patricia Hernández, los exabruptos de López Aguilar y el talante de Rodríguez Zapatero.
Quienes aireamos el síndrome bipolar del PSOE o simplemente tenemos criterio propio y distinto de otros corifeos y palanquines de su partido somos increpados por Santiago Pérez. Delirio paradójico, viniendo de quien ha sido defenestrado y marginado internamente por los mismos a quienes hemos señalado, teniendo que ser rescatado como un ninot indultado en Fallas para convivir en complicidad con ellos. Él mismo no puede explicar cómo pudo ocurrir mientras ostentaba la secretaría insular todo lo que hoy sabemos de la gestión municipal del PSOE o ya está en los tribunales. ¿No se enteraba de nada?
Las peroratas sobre el “régimen de ATI” de Santiago Pérez resultan, por ello, patéticas. Sus palabras no representan hoy por hoy ni la realidad ni una corriente de opinión mayoritaria en el PSOE tinerfeño. Sería más acertado calificar el entramado político tejido en Tenerife desde 1991 como un “régimen con ATI” del PP y del propio PSOE. El soliloquio personal desafina, inquieta e incomoda en el propio grupo que él preside en el Cabildo. Se presenta como disidente del “régimen de ATI” pero no es más que un perdedor de la disidencia interna en su propio partido, donde no son pocos los cargos socialistas que han practicado con fruición lo mismo que él condena.
Mientras la metástasis tentacular de ese cáncer derechista interno aborta la renovación, los tres principales cabezas de lista del 27-M airean sin pudor el pronto abandono de los liderazgos que prometieron a los electores hace apenas un año. Gloria Rivero sueña con el Congreso, López Aguilar con un Ministerio y Santiago Pérez con el Parlamento, como flores de un día llevadas por una racha momentánea lejos del campo yermo de malas hierbas al que, engañosamente, dieron su mejor color.
